In memoriam 

Recordar para compartir

Andrés Lira

Luis González y González nació en San José de Gracia, Michoacán, el 11 de octubre de 1925. Ahí murió en diciembre de 2003, después de superar estragos en su salud y la pérdida de su esposa, Armida de la Vara, con quien formó familia, hizo amistades y compartió tareas intelectuales. Les recuerdo ahora recomendando un texto suyo.

En 1967 falleció en Sevilla José Miranda (Gijón, 1903), maestro de cinco generaciones de historiadores formadas en El Colegio de México. Alumnos de la última organizamos un libro de homenaje, Historia y sociedad en el mundo de habla española, que publicó El Colegio e 1970. Pedimos, claro, un trabajo a Luis González, quien nos entregó de inmediato “Los balances periódicos de la Revolución Mexicana”, referente a veinte presidentes de la República, comenzado con el informe de Francisco I. Madero, en 1912, para llegar al segundo de Gustavo Díaz Ordaz, del 1 de septiembre de 1966. De los presidentes aludidos, cinco no presentaron informes. De quienes sí lo hicieron, analiza textos y contextos, dando cuenta de situaciones sociopolíticas, contenidos, formas y formalidades —muchas veces tanto o más significativas que los contenidos.
Al entregarnos el texto, nos advirtió que había sido rescatado ante la absurda censura y exigencias del editor, la Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, para quien se había hecho la recopilación y organización de materiales que formaron los volúmenes de la obra intitulada Los presidentes de México ante la nación. Informes, manuscritos y documentos. Los materiales aparecieron sin la introducción de Luis González, que pasó a formar parte del Homenaje a José Miranda (pp. 329-354).

“Balances periódicos de la Revolución Mexicana” es un texto interesante y divertido. La solemnidad de los informes presidenciales es apreciada en imágenes y lenguaje de la vida cotidiana. Tal fue el estilo de Luis desde sus años de estudiante, lo que le hizo acreedor a llamadas de atención en diversas ocasiones.

Lo que ocurrió con el texto rescatado fue que, al hacerse cargo de los ambientes en los que se preparaban y escribían los informes presidenciales, de los recorridos que realizaron mandatarios y sus séquitos para llegar a la Cámara de Diputados, de la lectura y de la respuesta del presidente de la Cámara, de la salida y besamanos en Palacio Nacional, etc., etc. (todo sin perjuicio de rigor en el análisis de los informes), Luis González daba al traste con la solemnidad y hacía reír a los lectores. Eso fue lo que diputados y personal del del H. Congreso de la Unión no pudieron tolerar. Tampoco aceptaron alusiones a circunstancias en las que el autor había tenido noticia de los informes y se había elaborado el relato. Por ejemplo, al referirse al segundo informe del presidente Díaz Ordaz, primero que respondió una mujer, la diputada Luz María Zaleta, Luis González cedió el lugar a una mujer, a Armida de la Vara (su esposa y correctora de estilo), quien frente a la pantalla de la televisión que todos veían en casa, elaboró el texto de las páginas 349 y 350 de Historia y sociedad en el mundo de habla española. Homenaje a José Miranda.

 “El balance periódico de la Revolución Mexicana” muestra la cultura política de una sociedad presidencialista a más no poder, como ha sido y es la sociedad mexicana. La solemnidad le es imprescindible y contra ella se predica en ritos matutinos, vespertinos y permanentes, no por cotidianos menos solemnes que aquellos balances periódicos.

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