In memoriam 

Mi maestro Rafael Segovia

Francisco Gil Villegas M.

Rafael Segovia Canosa, historiador, politólogo y maestro entrañable de varias generaciones de politólogos e internacionalistas hispanoamericanos, fue también un pilar fundamental de El Colegio de México a partir de la década de los 60 y referente fundamental para el desarrollo de la Ciencia Política en México por su pionera investigación  empírica sobre La politización del niño mexicano, tuvo también una destacada labor por sus artículos sobre temas electorales, la política comparada y el estudio de las relaciones internacionales, así como por su agudo análisis del acontecer político cotidiano en diversos diarios y revistas de la prensa nacional.  

Nacido en Madrid y “transterrado” muy joven a México en 1940, como consecuencia de la Guerra Civil Española, Rafael Segovia tuvo su formación media en la Academia Hispano-Mexicana y la universitaria como historiador en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde fue discípulo de Edmundo O’Gorman, Wenceslao Roces, Pablo Martínez del Río, Luis Weckmann y también, aunque de manera más indirecta de José Gaos. Su incorporación a El Colegio de México en 1962 estuvo precedida por su etapa formativa de posgrado en Londres y París. Las más importantes influencias de esa etapa fueron Jean Baptiste Duroselle, Jean Touchard, Maurice Duverger y Raymond Aron. Ya de regreso a México sus intercambios académicos e intelectuales más importantes para su formación como politólogo provinieron de Daniel Cosío Villegas y Jesús Reyes Heroles.  

La incorporación de Rafael Segovia a El Colegio de México fue de una extraordinaria importancia sustantiva y simbólica porque, en su calidad de ser uno de los miembros más jóvenes de la inmigración española llegada a una institución fundada originalmente como La Casa de España en México, Segovia siempre fue un referente crucial para tender y mantener puentes intelectuales e institucionales con esos orígenes. De esta manera, Rafael Segovia no sólo fue uno de los más profundos conocedores del sistema político mexicano, sino que también contribuyó a que se conocieran mejor en México la historia y los sistemas políticos europeos.

En este y más aspectos Rafael Segovia fue un maestro excepcional y no sólo en el aula, sino que quizá aún más en las ricas y generosas conversaciones en corto. En mi caso personal se esmeró mucho más en transmitirme su erudición histórica y sus conocimientos de historiografía francesa, así como su amplio conocimiento de la historia de las ideas políticas, que en formarme mediante el arsenal de sus originales ideas sobre el sistema político mexicano, que es lo que más aportó a muchos otros de sus más distinguidos alumnos y amigos.   

Creo también que, por lo menos en mi caso, Segovia siempre prefirió la polémica en corto, y para eso disfrutaba mucho mostrar el tipo ideal de la explicación histórica, política o socio-económica mediante el versátil análisis de las dieciocho lecciones sobre la sociedad industrial o el ensayo sobre las libertades de Aron. La lectura de esos textos me permitió entender mejor el sentido de algunos temas que nos había dejado originalmente como examen, por ejemplo sobre cómo usar el análisis contrafactual e imaginar, con el rigoroso control de la categoría de la “posibilidad objetiva”, qué hubiera sucedido si los girondinos no hubieran sido avasallados por los jacobinos en la etapa inicial de la Revolución francesa, o reflexionar sobre hasta qué punto Napoleón fue un continuador o un traidor a los ideales y principios de esa Revolución. Así descubrí la enorme importancia que el “hubiera” tiene para los juicios de imputación histórica. Por supuesto que esto sólo puede hacerse mediante el riguroso control de lo tipificado en la categoría de la “posibilidad objetiva”, pero para ello se requiere un amplio y preciso conocimiento de todos aquellos factores que influyeron, o pudieron haber influido como variables dependientes o independientes, en la gestación de un determinado acontecimiento histórico, sea éste la batalla de Maratón, el cruce del Rubicón, el tamaño de la nariz de Cleopatra, la batalla de Celaya, o la llegada a la estación de Finlandia.

Por la vertiente específicamente de corte político, de Segovia podían aprenderse sobre todo dos cosas: a calibrar bien las virtudes y no sólo los defectos del sistema político mexicano establecido desde hace un siglo, y a comprender la importancia de la Realpolitik y la ética de responsabilidad en el liderazgo político. Lo primero tiene mucho que ver con su perspectiva del alto costo que pagó España por su Guerra Civil y que contrasta con la estabilidad política y la continuidad constitucional de los gobiernos civiles en México desde 1946 y que acabaron por configurar lo que ha sido denominado por otros “el excepcionalismo mexicano” en el contexto de todos los sistemas políticos de habla hispana desde hace un siglo.

Lo segundo tiene que ver mucho más con la teoría política y se refiere a la lectura de “La política como vocación” de Max Weber. En esa conferencia Weber estableció la célebre diferencia entre el político regido por una ética de responsabilidad que calcula las consecuencias de su acción y está dispuesto a negociar y hacer compromisos en aras de alcanzar un resultado pragmático y responsable, y el político regido por una ética de convicción basada en principios fundamentalistas inconmovibles, sin importarle las consecuencias de no negociar y sin estar dispuesto a hacer ningún tipo de compromiso que contravenga el fundamentalismo de sus principios y convicciones. Max Weber no consideraba aconsejable que un estadista se rigiera por una ética de principios inconmovibles. Hombres así deben quedar fuera de la acción política o por lo menos de la responsabilidad del estadista, pues lo mejor es que éste se rija exclusivamente por criterios consecuencialistas basados en una acendrada ética de responsabilidad con fundamento en una combinación equilibrada de pasión y mesura, a fin de evitar los riesgos a los que conduce el demagogo profesional con sus veleidades y vanidades, que acaban por ser catastróficas no sólo para él mismo, sino sobre todo para el bien del Estado.   

También se debe valorar a Rafael Segovia por lo que representó e hizo durante varias décadas y muchas generaciones con sus actividades docentes, administrativas y directivas en la configuración y consolidación del Centro de Estudios Internacionales en El Colegio de México, y en general por lo que simboliza hoy para esta institución. Con su incorporación a El Colegio de México a principios de la década de los años sesenta, inicio una labor pionera en la formación humanista y técnica de generaciones enteras de politólogos, internacionalistas, historiadores, sociólogos, escritores, diplomáticos, políticos y funcionarios públicos del México contemporáneo. Fue uno de los primeros directores de la revista Foro Internacional, uno de los más importantes directores del CEI y el único que ocupó ese cargo en tres ocasiones diferentes para, entre otras cosas, crear la licenciatura en Administración Pública. Tuvo también un destacado desempeño como Coordinador General  Académico y un peso fundamental en la creación del Sindicato de Profesores e Investigadores de El Colegio de México, separado del sindicato de los trabajadores administrativos para así contribuir a resolver la legendaria huelga de 1980. En el Centro de Estudios Históricos sus clases tuvieron una influencia decisiva en la formación de algunos de los más distinguidos historiadores del México actual.

Rafael Segovia fue durante más de medio siglo el vínculo viviente más importante de la República española con El Colegio de México, creado originalmente como la Casa de España en México. Su estrecha relación intelectual con Daniel Cosío Villegas, a quien recordó en su último cumpleaños como la figura central entre los mexicanos que crearon instituciones para, entre otras cosas, darles protección y asilo a los republicanos españoles, fructificó en sus propias reflexiones y erudito conocimiento sobre la naturaleza y valor del sistema político mexicano, pues en un inicio Rafael Segovia ingresó a El Colegio de México como especialista en estudios europeos y sólo después, por influencia de las “comidas de Don Daniel”, empezó a investigar y a escribir sobre política mexicana.

En parte por esto, pero también por muchas otras razones, varfios de sus ex alumnos llegamos conjuntamente a la siguiente conclusión: mutatis mutandis Rafael Segovia representa en El Colegio de México para la Ciencia Política, lo que José Gaos representó para la Filosofía en esta misma institución.

Por último, aunque Rafael Segovia se identificaba orgullosamente a sí mismo cuando alguien le preguntaba por su nacionalidad como un “mexicano nacido en Madrid”, probablemente por su origen no pudo llegar a tener el espacio y las oportunidades para ejercer lo que muchos sospechamos era su auténtica pasión por la acción política. Pero a su manera y dentro de su circunstancia orteguiana, Rafael Segovia siempre desempeñó con excelencia, exuberancia y generosidad, con pasión y mesura, sus dos grandes vocaciones por la política y la docencia.

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