In memoriam 

Rodolfo Stavenhagen. 1932-2016

Arturo Alvarado M.

Rodolfo Stavenhagen formó parte de una generación de intelectuales que desarrollaron las ciencias sociales y las instituciones de investigación y enseñanza públicas en la región de América Latina en la segunda mitad del siglo veinte, en particular la Sociología y la Antropología, durante el momento más expansivo de la educación pública. Desarrolló buena parte de su carrera en El Colegio de México, que fue su mayor plataforma para otras iniciativas académicas, sociales y de lucha por los derechos indígenas y que encuadró los horizontes de su desarrollo académico y científico.

Nacido en Frankfurt, Alemania, en 1932, emigró de Europa en 1936, como otros intelectuales de El Colegio que huyeron del nazismo y terminaron asentándose en México en 1940. Sus tempranos contactos con las condiciones de comunidades indígenas despertaron en él una vocación por los estudios agrarios para mejorar sus condiciones. Entonces viajó estudiar en la Universidad de Chicago en 1951, con Robert Redfield. A su regresó estudió etnología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Posteriormente cursó el doctorado de Sociología en la Universidad de Paris en 1965, bajo la dirección de George Balandier. Aprendió los debates de la sociología francesa, de la literatura Marxista, del estructuralismo y conoció y se solidarizó con las luchas contra el colonialismo en África.

Al graduarse fue invitado como secretario del Centro Latinoamericano de Investigaciones en Ciencias Sociales de la FLACSO, fundado por UNESCO-FLACSO, entre 1962 y 1964 en Río de Janeiro. Allí coordinó su revista escribió sus ensayos sobre el dualismo. Debido al golpe de estado en Brasil regresa a impartir cursos en la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Nacional Autónoma de México y retoma su diálogo con Julio Labastida y Pablo González Casanova.

Su vinculación a El Colegio inicia en 1967 con la invitación de Víctor Urquidi para que coordinara los trabajos que culminaron en la formación del Centro de Estudios Sociológicos en 1973, con un amplio programa de investigación, con investigaciones empíricas sobre temas agrarios, pero también empezaron los estudios en migración, en trabajo, en política, movimientos sociales y cultura. Impulso también uno de los doctorados en Sociología con más reconocimiento y continuidad en la región. Y junto con Víctor Urquidi concretó el esfuerzo para ofrecer espacio a algunos colegas chilenos, uruguayos, brasileños y argentinos perseguidos por sus dictaduras. Solicitó licencia al ser nombrado director de la Dirección de Culturas Populares en la SEP en 1977. A su reingreso fue nombrado Coordinador General Académico y en 2004 fue nombrado profesor emérito. Se mantuvo vinculado a El Colegio hasta su muerte en 2016.

Publicó mas de 150 artículos, una veintena de libros y múltiples notas de prensa y divulgación. Recibió más de 23 premios y reconocimientos, incluyendo el premio Banamex en 1970, y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1997. Le otorgaron más de tres doctorados honoris causa y fue profesor visitante de numerosas universidades extranjeras. Tuvo un continuado compromiso con el fortalecimiento de instituciones públicas, de gobiernos nacionales e internacionales. Fungió como director o presidente de varios organismos internacionales como FLACSO, CLACSO y UNESCO. Participó en numerosas iniciativas sociales. Dirigió el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe 1979. Fue parte de la fundación de la Academia Mexicana de Derechos Humanos en 1983. Frente a los conflictos siempre mantuvo una posición de diálogo con las autoridades estatales, como lo hizo en la comisión de seguimiento de los acuerdos de San Andrés Larráinzar en 1996. El mayor de los empeños fue su nombramiento como el primer Relator Especial para los Derechos de los Pueblos Indígenas, entre 2001-2008.

Sus contribuciones al conocimiento están asociadas con tres etapas de su trabajo y períodos de investigación, conducción de instituciones y promoción del desarrollo social. En primer lugar están sus trabajos sobre clases agrarias y desarrollo, que se sintetizan en su tesis de doctorado y su libro las clases sociales en las sociedades agrarias. Fue su primera contribución para América Latina y se tornó un estudio clásico, publicado por Siglo XXI en 1969. Este llevó a ambicioso programa coordinado con Sergio Reyes Osorio, desde 1967, que culminó con la gran obra Estructura agraria y desarrollo agrícola en México.

El Segundo momento es la redacción del ensayo sobre las siete tesis equivocadas sobre América Latina. Publicado por El Día entre el 25 y 26 de junio de 1965, es su trabajo más conocido. Es una síntesis crítica de las teorías prevalecientes en años 1960s sobre la modernización, colonialismo, dualismo, que desembocarían en la teoría de la dependencia, que sería también el mayor paradigma creado dentro del propio continente.

El tercer momento está vinculado con la construccion de un paradigma de promoción y defensa de los derechos indígenas, que lo hizo precursor de los estudios de Antropología jurídica, del derecho indígena y además está vinculado con su participación directa en la promoción de los derechos y la justicia.

Fue un intelectual público con una vida e influencia transnacional, que promovió y procuró llevar la voz de los grupos oprimidos, que buscaba la justicia social la vez y promovió el buen desempeño de las instituciones académicas y gubernamentales.

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