In memoriam 

Víctor L. Urquidi: legado y memoria

Francisco Alba

El nombre de Víctor L. Urquidi está asociado a la permanencia de varias instituciones mexicanas de gran importancia; esa asociación histórica, sin embargo, sobresale con El Colegio de México. El Colegio fue su institución, más que ninguna otra, ya que El Colmex contemporáneo, moderno, es su obra –no obra exclusiva ciertamente, pero sí la decisiva.
Víctor L. Urquidi fue el artífice de una transformación profunda de la institución –él fue su presidente por casi veinte años, de 1966 a 1985. Sin traicionar la vocación original de la institución, de formación y producción de conocimiento profundo en historia, filosofía, lingüística y literatura, ante todo, la orientó también hacia la docencia, la investigación y la difusión de conocimientos en las ciencias sociales –destacando en las relaciones internacionales, la economía, la demografía, la sociología, el desarrollo, el urbanismo, la ciencia política, los estudios de género, la administración pública y la ecología.

Una de las peculiaridades de esta transformación fue la orientación hacia el estudio de los grandes problemas nacionales en los ámbitos económicos, sociales, políticos, poblacionales y medioambientales con un propósito bien definido: la búsqueda de políticas públicas adecuadas para hacerle frente a los retos que esos problemas representan para los individuos, las comunidades, el país y el bien común.[1]
Para ejemplificar la orientación y propósito mencionados me referiré a lo acontecido en el ámbito de la problemática poblacional en los años 1960 y 1970. Ante la visión prospectiva de Víctor L. Urquidi sobre la dinámica demográfica del país, en 1964 se crea en El Colegio el Centro de Estudios Económicos y Demográficos (CEED) con la finalidad, entre otras, de formar profesionistas en los campos de la economía y la demografía, de analizar las interacciones mutuas –determinantes e implicaciones—entre las variables y factores económicos y los comportamientos demográficos; en 1970 se publican resultados de investigaciones pioneras en el libro Dinámica de la población de México –libro que obtuvo el Premio Nacional de Economía BANAMEX en ese mismo año–; habiéndose creado conciencia sobre esa problemática, El Colegio, con el liderazgo de Víctor L. Urquidi, fue pieza instrumental fundamental en la adopción de una política en materia demográfica, la Ley de Población de 1974, que se convertiría en una auténtica política de estado, manteniéndose vigente hasta la actualidad con muy pocos cambios. Este ejemplo se vio replicado en el trascurso del tiempo, con variantes en términos de promoción y realización, en los ámbitos del urbanismo; el empleo; la protección de los recursos naturales y la búsqueda de un desarrollo sustentable; las relaciones con Asia, África, los Estados Unidos, América Latina; la igualdad social, regional y de género; las migraciones internacionales e internas. Víctor L. Urquidi se asomó a esas problemáticas “antes de su tiempo” y supo hacer y hacerse las preguntas correctas para poder vislumbrar el futuro.

En esa transformación institucional Víctor L. Urquidi consolidó la vocación de El Colegio como institución de pensamiento libre, plural, heterogénea e independiente, si bien dependiente financieramente del Estado mexicano. La orientación hacia la discusión, el debate y la formulación de políticas públicas refleja, además, la intención de dar cumplimiento a una obligación por contribuir al fortalecimiento del bien común, el desarrollo nacional y el bienestar de la población.

La atención a los problemas nacionales no se da desde una perspectiva de aislamiento o aislacionismo, el acercamiento a esos problemas se da con conciencia del contexto de globalización e interdependencia en que se vive, que vive el país. Globalización e interdependencias interregionales –en el espacio— e intergeneracionales –en el tiempo–; con conciencia de que nuestra vida depende de gente que no conocemos, de personas que nunca conoceremos, de la igual forma que la vida de los otros depende de nosotros.

Víctor L. Urquidi tenía un carácter fuerte, ciertamente; era firme en sus convicciones; más de alguno debió haber dicho que era frío de temperamento; nada de lo anterior le impedía, sin embargo, ser a la vez flexible, fiel y generoso; era conocido por su frugalidad.
Tuve el privilegio de trabajar cerca de él al principio de mi carrera profesional, y desde esas colaboraciones iniciales percibí la multifacética personalidad de Víctor.

La siguiente anécdota lo revela. Al estar elaborando mi libro La población de México: evolución y dilemas, el leía las versiones sucesivas; en una ocasión, muy hacia el final, escribió al margen del texto algunos cambios interpretativos, mismos que no realicé por no estar de acuerdo con ellos; cuando le presenté la siguiente versión, observó que no había incorporado sus sugerencias y, al responderle que mi interpretación era diferente de la suya, me devolvió con cierta violencia el manuscrito y dio por terminada la reunión.
Pasaron un par de semanas y un día me vuelve a llamar; me pregunta por mi manuscrito y le contesto que no lo había traído dado que seguía sin modificaciones y él se había molestado por ello; olvídelo, me dice, son arranques que a veces tiene uno, su texto es muy bueno, termínelo para publicarlo ya. Creo que en ese momento me gané su amistad y respeto. De hecho, más o menos por ese mismo tiempo me pidió preparar algunas ideas para una conferencia que, eventualmente, fue publicada como artículo en coautoría y en el que aparezco como primer autor;[2] raro privilegio haber sido coautor con Víctor L. Urquidi, en una de las pocas coautorías que tuvo. Nuestra amistad y respeto mutuo se mantuvieron toda la vida, fortaleciéndose por mi aprecio y admiración por él y su obra, que es un precioso legado institucional.


[1] Reflejo de esta orientación impulsada por Víctor L. Urquidi es la publicación en 2010 por El Colegio de México de la serie Los grandes problemas de México, 14 volúmenes, para conmemorar el bicentenario del inicio del Movimiento de Independencia y el centenario del inicio de la Revolución Mexicana.

[2] Francisco Alba y Víctor L. Urquidi, “Información para el desarrollo”, Comercio Exterior, 1976.

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